Hay noches que quedan suspendidas en el tiempo, como una pelota que nunca termina de caer. Noches que vuelven cada vez que alguien pronuncia un nombre, recuerda una jugada o mira una vieja fotografía. Hace 20 años, el Gigante de la Avenida fue escenario de una de esas, verdaderamente legendaria.
Sportivo Suardi se consagraba Campeón del Clausura de la Asociación Morterense 2006, después de una temporada que tuvo cambios, desafíos y una definición a la altura de las grandes historias. Fue el momento de la breve, pero imperecedera etapa del recordado Eduardo «Tatá» Flores, que vino a sembrar sabiduría y cuyo paso dejó un vestigio imborrable.
En el contexto, el Torneo Apertura había quedado en manos de Tiro Federal de Morteros, aquel legendario equipo de Walter Albert. El Rojiblanco había tenido un equipo corto durante la primera parte del año y necesitaba nuevas piezas para afrontar lo que venía. Llegó Matías Pérez, que particularmente había sido parte del mencionado Tiro campeón, pero a mitad de año cambió de camiseta y se sumó a Sportivo. También arribó el base Pablo Alemani y de esa forma, con los «históricos» y el aporte de siempre de la cantera, arrancó el Clausura.
En cuanto a resultados, la fase regular ubicó a Tiro Federal en el primer lugar, Unión de San Guillermo segundo, Sportivo tercero y 9 de Julio, cuarto. Pero los playoffs escribieron otra historia.
En semis, el conjunto de Tatá necesitó un tercer partido para dejar en el camino a su clásico rival, Unión de San Guillermo, en un duelo disputado en la cancha del sanguillermino. Y mientras el Rojiblanco sobrevivía a una instancia de enorme tensión; por su parte, 9 de Julio eliminaba a Tiro y se metía en la definición. La final tendría entonces un ingrediente especial: Sportivo jugaría en su casa ante el más ganador por estos lares.
Y llegó la noche del tercer duelo. El Gigante de la Avenida estaba colmado. Espacios llenos, tribunas hasta en el viejo escenario, voces, nervios, ilusión. Una de las mejores convocatorias que se recuerden en el torneo doméstico…una batalla desplegada todavía en piso de mosaico.
En la cancha, dos equipos disputaban mucho más que un partido. Cada pelota pesaba. Cada posesión tenía historia. Cada minuto acercaba o alejaba el sueño. Fue una final emocionante, de esas que se recuerdan por las sensaciones tanto como por el resultado. Y cuando llegó el cierre, Sportivo era campeón. Los gritos fueron incesantes, el humo de las bengalas todo lo invadió al igual que la emoción.
El abrazo de los jugadores, la alegría de la gente, el ruido de una cancha que parecía no querer quedarse en silencio jamás. Pasaron 20 años. Cambiaron los protagonistas, cambiaron las generaciones y cambiaron los tiempos. Pero algunas noches no envejecen.
Aquella sigue ahí, en la memoria del básquet de Suardi y en el corazón de quienes estuvieron. Porque hay campeonatos que se ganan. Y hay campeonatos que, con el paso del tiempo, se convierten en historia.
En la foto, Eduardo «Tatá» Flores, Andrés Zurdo Poi, Julián Bessone, Federico Trucone, Santiago Farah, Facundo Borgogno, Gonzalo Aliprandi, Cristian Demarchi (PF), Andrés Buraschi, Nicolás Benavidez, José Pennacino, Juan Pablo Benedetto, Pablo Alemani, Matías Pérez y Jonatan Franco.